Estas son las láminas que resumen el último punto al que llegué en
mi proyecto.
Los primeros espacios fueron más genéricos (en las primeras
entregas), lo cual me llevó a dar un segundo paso: quería caracterizar al
máximo unos espacios libres y diáfanos, consiguiendo crear 'lugares' o
'encuentros' dentro de cada uno de ellos, a través de la luz.
Durante esta semana, me he replanteado estructuras,
distribuciones, cortes, etc. Opté por multiplicar los espacios, y así dar más
riqueza al proyecto. Me equivocaba. La cantidad no implica cualidad.
La buena noticia es que a través de estas aproximaciones conseguí
sumergirme más grados hacia el interior, entender y asumir el espacio
existente. De todos los espacios estudiados decidí elegir los más fuertes y
desechar el resto.
Ahora el espacio empezaba a articularse de forma independiente en
cada lugar, mientras que los nexos no eran más que la yuxtaposición de dichos
espacios, o la carencia de ellos, siendo el material y la luz los hilos
conductores de toda la trayectoria.
El material escogido es el adobe, para muros, y la madera, para
vigas; las celosías, y el agua, que discurre por acequias en toda la planta
baja. De los espacios me gustaría comentar la biblioteca. Restaurada con vigas
de madera transversales, sus antiguos muros quedan en ruinas y son utilizados
como estantes, bancos y divisores del espacio. Los tres huecos inferiores hacen
referencia a las tres puertas que distribuían las dependencias anteiores, y
éstos, aprovechando la diferencia de cota, se convierten en bancos, limitando
el espacio unas celosías que los cubren completamente. En toda la casa, cada
hueco tiene una razón de ser: mira, escucha, desea llegar a algún lugar.
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